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De hadas, brujas y madrastras (epílogo)

Publicado en por Carlos A. Campuzano

De hadas, brujas y madrastras (epílogo)

Hace meses que hablábamos de los cuentos de los hermanos Grimm, y ahora, revisando un poco mis notas, me doy cuenta que a todo esto hay que darle una conclusión más sólida que la simple revisión de las motivaciones que Jacob y Wilhelm tuvieron para recorrer las zonas rurales del centro de Europa y recopilar la narrativa, que se fue transmitiendo de generación en generación de manera oral desde la Edad Media, para luego publicarlas en su recopilatorio de cuentos... de hadas. Teniendo en cuenta que tuvieron que meter un montón de tijera, por aquello de la censura de la época y cierto puritanismo.

La pregunta quizá es: ¿Qué poder tiene esta fantasía para perdurar a través del tiempo en nuestra memoria colectiva?

Y es que es más simple de lo que realmente parece. Son historias que reflejan, de manera metafórica, nuestro día a día, aunque hayan siglos de diferencia o incluso en algunos casos, hasta un milenio. La gente sigue teniendo miedo a la oscuridad, a la muerte, a lo desconocido. El amor sigue siendo una fuerza dominante de pasiones encontradas y tal. Todo esto se refleja en la manera en que están escritos estos cuentos pauntando a lo más básico de nuestra naturaleza. Todo tiene un simbolismo que quizá (me perdonarán pero no soy psicólogo y esto es una suposición) entre dentro de lo que son los arquetipos de Carl Jung.

La novia del conejito (que no el conejito de la novia eh?... perdon perdon... chiste guarro), ilustración de Walter Crane (de la versión de Lucy Crane de los cuentos de los Hermanos Grimm)

La novia del conejito (que no el conejito de la novia eh?... perdon perdon... chiste guarro), ilustración de Walter Crane (de la versión de Lucy Crane de los cuentos de los Hermanos Grimm)

En "La Novia del Conejito" (que entre otras, la traducción de este título al español me parece una mariconada... conejito... ¡¡¡es el conejo cojones!!!!) una doncella es engañada por un conejo para que primero (atención), se monte en su lomo agarrada de su cola y luego se meta en su madriguera, en donde el "conejito" le pide matrimonio, ella se niega pero el conejo pasa de ella (versión corta, ¿vale?) y en fin, que se casan, pero la novia se ha escapado metiéndole una novia de mentiras... vamos, que una paranoia, pero que nos habla de los amores vacíos, de los arrebatos de la pubertad y... seamos claros, aquí se habla de los peligros de revolcones prematuros. Son muy claros al referirse a la doncella como portadora de la virtud de la virginidad.

Ahora, yo es que quería hablar de este cuento, pero no viene al caso a menos que se vea el simbolismo del que hablábamos antes. Y si lo tengo que explicar no tiene gracia, ¿eh?

Hay elementos que se repiten constantemente, el uso de los colores. El blanco siempre es sinónimo de pureza, el dorado de prosperidad. Quien haya leído los Cuentos de los Hermanos Grimm habrá notado que en casi todos se habla de comida, de alimento. Hay que pensar entonces como veía el mundo la gente de la época. La comida reflejaba la habilidad del ser humano para sobrevivir, condicionándolo y convirtiéndose en un símbolo poderoso. El dar de comer a alguien era el gesto de amor más grande que podría existir entre seres humanos y su importancia se refleja en estos cuentos.

La sangre, como tal representaba una parte del alma humana y no sólo eso, la herencia. La herencia, toda la historia de una familia concentrada en algunas gotas de sangre. Mientras que los animales repugnantes representan la malicia del ser humano, como aquella rana que engañó a la pequeña que jugaba junto al río y bajo un árbol y que resultó ser un príncipe que no era muy buena gente. Y hablando de príncipes. Ellos representaban la promesa de un mañana mejor (dentro del contexto medieval), por eso siempre las pobres niñas que tenían una vida chunga soñaban con o acababan junto un príncipe.

En fin, que si algún día alguien quiere releerse estas historias, olvidando las versiones ñoñas que Disney ha hecho de ellas, le invito a que las vea ahora con otros ojos, con ojos de alguien de otra época; y así entenderá que los miedos, las esperanzas, los sueños de aquella gente de hace siglos siguen siendo tan vigentes como entonces, sólo que en nosotros mismos. Y es que a veces olvidamos de dónde venimos.

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