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Hurgando en la historia

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Relatos, historias, mitos, leyendas... Todo esto forma parte de quiénes somos y por qué somos lo que somos.


De cómo nace un imperio (II) "Mario y Sila"

Publicado por Carlos A. Campuzano activado 26 Marzo 2014, 10:17am

Etiquetas: #Imperio Romano, #Guerras Civiles, #Guerra Social, #Republica Romana, #Antigua Roma, #Cayo Mario, #Cornelio Sila, #Roma, #Optimates

De cómo nace un imperio (II) "Mario y Sila"

Cayo Mario, más conocido entre los romanos como Super Mario, había nacido cerca de sesenta años atrás en el seno de una familia adinerada pero plebeya cuando le estalló la Guerra Social a Roma en la cara. Cuando esto pasó, el Senado hizo lo que llevaba haciendo en las últimas décadas cada vez que tenía un problema: llamar a Mario para que lo resolviese. Y es que nuestro héroe no podía alejarse un minuto de Roma sin que se armara la de Dios es Cristo.

Años atrás, después de haber sido cónsul (por primera vez en la historia) en 6 ocasiones, haber reformado el ejercito (gracias a Mario los que jugamos al Rome Total War -me darán algo por la publicidad ¿verdad?- podemos organizar nuestras tropas en legiones), y haber salvado a la República Romana de Yugurta y sus numidios, de los cimbrios y de los teutónes, de los galos y de todo dios; Mario se dijo, ya está todo hecho y puedo retirarme a descansar. Y eso hizo. Mientras tanto, el ascenso de su antiguo cuestor Lucio Cornelio Sila resultó evidente. Hay que aclarar que a Mario nunca le cayo bien Sila, lo consideraba un vicioso de cuidado, especialmente porque Sila tenía una cierta afición por el teatro y esto no eran aficiones propias de verdaderos machotes romanos, y es que Sila le daba como repelús.

Cayo Mario y Sila... historia de un amor que no pudo ser.Cayo Mario y Sila... historia de un amor que no pudo ser.

Cayo Mario y Sila... historia de un amor que no pudo ser.

Cuando Mario acudió a la llamada del Senado en su campaña contra el resto de Italia, se encontró con que su antiguo subordinado era ya considerado un crack y se le dio básicamente un nivel de mando casi como el suyo. Esto no le moló nada, pero se estuvo calladito durante la guerra, ya que a él mismo no le estaban saliendo las cosas tan bien en el campo de batalla como le solían salir, y es que quizá, ya se estaba poniendo viejo. Al final consigue remontar y le devuelven el mando único de todo el ejercito. Que lo de antes fue solo porque estaba fuera de forma y quizá por culpa de un resfriado también. Al final, Roma sofoca la revuelta tras tres años de violencia, con tan mala suerte para Mario que fue Sila el que asestó el golpe final a los rebeldes, haciéndole el gran héroe de esta guerra, con todos los homenajes y cosas que ello conllevaba en la Antigua Roma.

No hubo tiempo de muchas celebraciones de todas formas, porque el rey Mitridates de Ponto se atrevió a invadir Grecia y bueno, que se acumulaba el trabajo. A Mario se le metió en la cabeza que él, con sus 69 tacos debería liderar esa campaña, y es que no le hacía nada de gracia eso de ser un segundón. Hubo un debate en el Senado en el que finalmente se le otorgó el mando de esta campaña a Sila, apoyado por los optimates en detrimento de Mario, quien era apoyado por los populares (algo así como la derecha y la izquierda política, aunque estos son términos modernos que no se pueden aplicar en su totalidad en este caso). Mario se tomó esto muy mal ya que no sabía perder, ¡pues nunca había perdido! Así que recurrió la decisión del Senado por medio de una especie de plebiscito que organizó el tribuno de la plebe. Gracias a esto, el pueblo lo escogió a él como general al mando de la campaña contra Ponto. Esto creó una contradicción legal sin precedentes.

¡Se estaba poniendo la cosa calentita!

¡Se estaba poniendo la cosa calentita!

Sila, en medio del cabreo que llevaba a causa de este embrollo legal, dejó la ciudad. Hizo algo que nadie pensó que llegaría a hacer alguien en la vida. Se reunió con el ejercito y dando un gran discurso en el que hablaba del caos que estaban sembrando Mario y sus populares en la República, se ganó su apoyo. Así que Sila, en lugar de viajar a Grecia marchó sobre Roma. Mario intentó defender la ciudad, pero Sila tenía seis legiones veteranas y entrar en Roma fue un pequeño paseo para ellas. Mario y los suyos tuvieron que huir, muchos de ellos fueron capturados y ejecutados, mientras que él mismo tuvo que refugiarse en África. Mientras tanto Sila juntó al Senado declarando a Mario y a sus colegas enemigos de la República. Se promulgaron leyes en las que ratificaban la supremacía del Senado, estigmatizando toda reforma o ley que viniese del pueblo. Y finalmente se convocaron elecciones que obviamente, ante tales actos, no ganaron ninguno de los candidatos de Sila, sino más bien los contrarios. Así que ahora Sila tenía a dos cónsules hostiles a su causa sin poder hacer mucho al respecto, ya que Grecia seguía invadida y le faltaba tiempo. Se fue a la guerra pidiendo por favor que nadie le tumbase el chiringuito que había montado. Y parece que en serio esperaba que así fuese, porque se sorprendió cuando se lo tumbaron. Pero bueno, esto es ya otra historia para luego.

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